Delitos vs la infancia, 71 por ciento en casa

Delitos vs la infancia, 71 por ciento en casa

Ciudad Juárez.- En el universo de delitos cometidos contra niñas, niños y adolescentes (NNA), los mayores “monstruos” están en la casa.Datos de la Fiscalía General del Estado (FGE) que abarcan más de 10 años y personal investigador entrevistado indican que los cuatro ilícitos registrados con mayor frecuencia contra este segmento de población en la entidad son responsabilidad de quienes deberían ser sus cuidadores.

En primer lugar está la violencia familiar, con 12 mil 138 carpetas entre 2015 y marzo pasado, además de una problemática que, de acuerdo con el Ministerio Público, parte de formaciones en perpetradores que normalizan las agresiones y que se ha agravado por el consumo de metanfetaminas (o “cristal”), presente en hasta un 70 por ciento de los ataques en Juárez contra adultos y menores.

Las separaciones o disfunciones en las parejas, agregó la explicación, se relacionan a su vez con los incumplimientos de la pensión alimentaria, delito que se encuentra en segundo sitio, con 10 mil 875 expedientes en el mismo período de poco más de 10 años.

Otras 10 mil 526 carpetas son por abuso sexual y 7 mil 196 más por violaciones, en ambos casos también atribuidos a familiares, para un total de 40 mil 735 cometidos en estos círculos cercanos, o el 71 por ciento del total de 57 mil 18 expedientes abiertos con NNA como víctimas.

Sobre los de índole sexual, las investigadoras hicieron notar que, aun cuando se pueden presentar en cualquier espacio –como la probabilidad de que hayan ocurrido en guarderías de la ciudad–, la mayor incidencia está en los hogares y, entre los principales responsables, están los padres, los abuelos y los padrastros.

“En lo sexual puede ser la mamá, el papá, el primo, el hermano, el tío, el vecino, el de la tiendita, cualquiera donde tengan las personas oportunidad de agredirlos sexualmente”, dijo Yubia Ayala, coordinadora en Juárez de la Fiscalía Especializada en la Atención a Mujeres Víctimas del Delito por Razones de Género y a la Familia (FEM).

“Sin embargo, la gran cantidad es en el hogar, como un 90 por ciento (de los de índole sexual), el contexto es de familia. Si bien es cierto se ha disparado mucho que en las guarderías, es ahora que Fiscalía de Mujeres está haciendo investigación en todos lados… porque todo lo demás, el monstruo está en la casa”, agregó la funcionaria, que estimó que la Zona Norte concentra más del 50 por ciento de ilícitos reportados ante la FEM en el estado.

Francisco Campos, coordinador del área de psicología de la misma dependencia, explicó que los impactos de delitos cometidos contra NNA en sus entornos más cercanos, “en algunas ocasiones son visibles en sus conductas y en otras ocasiones se manifiestan muchos años después, afectando áreas emocionales, personales, de pareja, sociales, académicos y familiares”.

‘Su papá está gritando’

A sus seis años, C. R. ha tenido que vivir con tres familias. Tenía poco más cinco cuando sus padres se separaron luego de una convivencia que, de acuerdo con lo que la madre narró a este medio, expuso a la menor a gritos desde su nacimiento, en 2019.

Una de esas ocasiones fue el 11 de junio de 2024, cuando, alrededor de las once horas, “la niña escucha que su papá está gritando” y, al bajar la escalera, dice la entrevistada –de apellidos R. C.–, lo encontró reclamándole que le hubiera quitado acceso a su teléfono y en lo que después fue calificado como intento de violación.

“Cuando yo empiezo a gritar, para que los vecinos o quien fuera me ayudara, la niña vuelve a escuchar, baja y lo ve todo de una manera tan cerca que se espanta y se me queda viendo, y le dice su papá ‘salte de aquí, lárgate de aquí’, y le empieza a tirar manotazos, pero era el forcejeo conmigo o alcanzar a la niña a darle un manotazo para que se saliera del cuarto. La niña se me quedó viendo y le digo, ‘tráeme mi teléfono’. Y se acerca con el teléfono y me lo da. Y empiezo a gritar. Entonces, como que se detuvo de cierta manera porque la niña lo vio”, indica el testimonio.

A este ataque, por el que se abrió una carpeta de investigación, le siguió otra por abuso sexual presentada por el padre contra R. C., con la niña como víctima y, en ese contexto, la custodia compartida tanto de C. R. como de su hermanita menor, entonces de cuatro años y con síndrome de Down, así como el envío de ambas a vivir primero con una abuela y luego con otra.

Un video del 30 de junio de ese año, muestra a C. R. respondiendo con monosílabos que fue “papá” quien le había pegado con la “mano” en el lado derecho de la cara, mientras su hermana mayor le pregunta y la graba, por lo que, el 13 de agosto, se presentó una denuncia por violencia familiar ante la FEM.

“A la niña se le notaba mucho su miedo, era mucha la tristeza que ella tenía. Dejó de hablar, dejó de expresarse de cierta manera a como es ahorita o a como era antes, dejó muchas cosas de lado. Por ejemplo, dejó de jugar los juegos que a ella le gustaban”, narró R. C., que sólo puede ver a sus dos hijas menores tres días a la semana en visitas supervisadas.

“Sí tuvo mucho cambio ella. ¿Por qué? Porque simplemente ya no ver a mamá, sí la afectó mucho. El preguntar ella por qué no la puedo ver y no tener una respuesta adecuada a su edad, sí era muy difícil. La niña, en todas las convivencias que hemos tenido en Cecofam (Centro de Convivencia Familiar Supervisada), es ‘mami, pero es que yo me porto bien, ¿por qué no puedo irme contigo?”, agregó la mujer entre sollozos.‘Palabras humillantes’

La denuncia de R. C. fue una de las mil 764 carpetas iniciadas en 2024 en la FEM por violencia familiar contra NNA, la cifra más alta de este ilícito en el período analizado de más de una década.

De acuerdo con la explicación de la Fiscalía, uno de los rasgos generales es que, cuando los menores son víctimas, junto con ellos también son víctimas las madres.

“En la mayoría de los casos pasa que el menor es víctima porque también la mamá es víctima, se da la agresión primeramente con la madre y luego obviamente que, en este caso, el agresor, al momento de estar agrediendo a la mamá, pasa a agredir también al menor, en esa pelea, en ese momento”, dijo Alejandra Sánchez, coordinadora de investigación de violencia familiar de la FEM en esta frontera.

“Regularmente, en menores es agresión física y psicológica; y psicológica (son) agresiones verbales, insultos, amenazas, palabras hirientes o palabras humillantes. En cuanto a la agresión física, es que el agresor le pueda causar cualquier lesión al menor, que lo puede golpear con los puños, con algún objeto, con algún arma”, agregó la agente.

También, dijo Sánchez, en la mayoría de los casos, los atacantes, aparte de ejercer violencia psicológica, regularmente golpean con la mano abierta en la cabeza, en el área de los glúteos, dan jaloneos o golpean con los puños cerrados en cualquier parte del cuerpo.

Otro patrón, explicó, es que son casos que tienden a escalar y presentan perpetradores que, a su vez, crecieron en entornos de ataques, ya sea de índole física, verbal, sexual, económica o patrimonial.

“Y, al momento que ya llega a una relación sentimental o de matrimonio, es ahí cuando obviamente ocurre ese tipo de delitos”, dijo Sánchez.

“Y las víctimas se encuentran en un estado de vulnerabilidad porque, también es lo que hemos visto durante las carpetas de investigación, que (las mamás) son víctimas que también, por costumbres, por educación, están arraigadas y normalizan esa violencia. Ese es como el antecedente de ese tipo de asuntos”, agregó.

Adicciones y dispersión

Otro rasgo detectado recientemente por la FEM en los casos de violencia familiar está relacionado con la expansión del consumo de la metanfetamina (o “cristal”) en la ciudad, donde esta sustancia sintética se ha disparado como droga de mayor impacto.

“El consumo de ‘cristal’ es lo que también ha elevado mucho la violencia… un aproximado, yo creo que a partir del 2021 a la fecha… en un 70 por ciento aproximadamente, en los casos de violencia”, dijo Sánchez, quien estimó que la proporción aumenta hasta un 90 por ciento cuando la madre es víctima de un hijo.

En los casos en los que aparece esta sustancia, agregó, se ha observado que las conductas son aún más violentas. “Hay víctimas que han relatado que el agresor está bajo los influjos del ‘cristal’, por ejemplo y que empieza a manifestar ciertas palabras o situaciones incoherentes en el momento de la agresión, diciendo el nombre de otra persona cuando las están agrediendo… ese tipo de agresiones se ha dado que también a las víctimas las amenacen con algún tipo de objeto, un palo, escoba, con armas blancas como cuchillos o hasta armas de fuego también”, dijo.

Otra característica de esta problemática relacionada con el entorno de la ciudad, es su concentración en la zona suroriente, la de mayor crecimiento en esta frontera y a la cual la FEM considera como “punto rojo” por la frecuencia de este tipo de casos.

Justo en esa zona, en la colonia Carlos Castillo Peraza, la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM) tuvo que resguardar en junio pasado a una niña de seis años que presentaba múltiples lesiones ocasionadas por su padre.

En una de las fotografías que difundió esta autoridad –con protección de la identidad–, se ve a la menor en pijama, en medio de la noche y descalza sobre las piedras del cruce entre el bulevar Talamás Camandari e Irma Ferriz de Reyes Estrada. En otra, se ve a la niña acurrucada en la agente municipal que la carga en el exterior del Distrito Universidad, frente a una reja.

Este delito se registró en el interior de un “pie de casa” en la segunda privada de la calle José Contreras, una arteria caracterizada por la falta de pavimento, la presencia de hoyos y de basura. Llamados a la puerta en la vivienda de la familia de la víctima no fueron respondidos, mientras que entrevistados brevemente en el sector mencionaron haber conocido a la menor sólo por su primer nombre y, uno, recordó que en ocasiones jugaba con un gato sobre el polvo de la cuadra.

Desde finales de junio, sin embargo, no ha vuelto al domicilio. “Según el testimonio de la niña, su padre la agredió físicamente con puños, patadas y golpes en diversas partes del cuerpo, incluyendo la cabeza y el abdomen, lo que le provocó vómito y fuertes dolores”, indicó la SSPM el 28 de junio.

En aumento

La suma de carpetas iniciadas con al menos una víctima menor de edad, publicada por la Fiscalía en la Plataforma Nacional de Transparencia, va en aumento, con 4 mil 840 casos de diversos delitos en 2015 y 6 mil 878 en 2024, cuando se presentó la cifra más alta y que representa un alza de 42 por ciento con respecto al inicio del período.

De las conductas incluidas en la base de datos de la FGE, sin embargo, no todas mostraron alzas entre esos años y varias, de hecho, disminuyeron, como la omisión de cuidados, que bajó un nueve por ciento; el hostigamiento, con un 18 por ciento menos, o el estupro, que de 48 casos en 2015 bajó a 10 en 2024.

Las cinco con mayor frecuencia, sin embargo, presentan aumentos de casi el doble, como el 79 por ciento en el caso de la violencia familiar, el 76 por ciento en el de los abusos sexuales y un 54 por ciento en el de las violaciones.

Pero el aumento, planteó Ayala, no necesariamente implica que antes no hubiera tanta incidencia de este tipo de hechos, sino que, ahora, enfatizó, los NNA “ya no se quedan callados”, conocen sus derechos y se les se escucha.

“La violencia contra los niños siempre ha existido, las agresiones contra los niños siempre han existido”, dijo la funcionaria.

“Antes era que ‘el niño dijo’, ‘ah, no le crea’ o ‘está diciendo mentiras’ o ‘se lo imaginó’. Ahora no. Ahora se le está dando un respeto y una dignidad a los niños que se debió haber dado desde hace mucho tiempo… Yo siempre lo pongo así, porque (dicen) ‘tienen muchos números’. Le dije ‘gracias a Dios que tengo muchos números, porque prefiero niños denunciando en la Fiscalía que niños llorando en su casa”, agregó.

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